lunes, 6 de agosto de 2012
La chica rosas
Allí va ella. Está cruzando la calle Bajío.
El muchacho del puesto de dulces la señala y le dice a su hermana que mire.
Los comensales interrumpen su comida corrida de tres tiempos para ver a la chica rosas.
Lleva cargando un arreglo con 20 rosas acomodadas en una base de cristal. Camina contenta, sonriente.
Le alarga con dificultad tres pesos a la señora que atiende la taquilla y entra en el vagón del metro y se aferra al tubo como puede.
Allí va, la mira el viene viene y el que vende cacahuates en el camión. Suelta otros tres pesos.
No alcanza a tocar el timbre de bajada y camina hacia el frente para pedirle al conductor que se detenga en el puente. Se tambalea un poco en las escaleras seguida por las miradas de una viejita y un niño escandaloso que ahora se ha quedado callado.
Allí va, sintiéndose flor, sintiéndose amada.
Camina contenta, sonriente, la chica rosas.
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