jueves, 4 de febrero de 2016

Misiva

Writing Challenge

Día 1

Utiliza la última frase de algún libro como la línea inicial de una historia.


En este instante experimento que nuestra razón, tan insuficiente para prevenir nuestras desgracias, lo es todavía más para consolarnos después.*

Y aunque las razones estén de más, te escribo esta  carta.

Es verdad que la esperanza muere al último; pero no es para alegrarse. Las personas suelen decir eso  cuando todo parece perdido para evitar perder el ánimo. Como si esperar lo suficiente fuese a traer algo mejor en el futuro.
Se equivocan. La esperanza se consume vez tras vez. Pero basta una chispa pequeña, una palabra, algo de tiempo, una imagen difusa y la esperanza se reconstruye. Está hecha de andrajos y limosnas. Se rehúsa a morir.

Eso es tortura. Un día parece que ya no queda más, que la vida ha cambiado para siempre. Uno se dice que ahora las cosas serán distintas, que habrá que comenzar nuevamente… pero entonces algo pasa y a la mañana siguiente la esperanza vuelve a aparecer derrumbando la posibilidad de dejar el asunto atrás.
.
Es esa misma tortura la que me lleva a escribirte y a pedirte —aunque no sé si es algo que una persona pueda pedirle a otra —que me mires. No quiero que me acaricies con los ojos cerrados. Quiero que me duela la piel de tanto que la miras. Quiero ser una obra de arte. No quiero que me veas, no. Quiero que me contemples. Debes memorizarme.

Vengo a pedirte que me beses casi clandestinamente, que conviertas en ilícito lo permitido. Vengo a pedirte que enloquezcas. Vengo a pedirte que te enamores de mí.

Discúlpame si he pedido algo incomprensible. Pero es esta esperanza loca de que es posible evitar caer en el pozo de lo inevitable. Que se puede ser diferente. Que se puede burlar al tiempo.

Te pido ahora que tengas compasión y mates de una buena vez cualquier resquicio de esperanza que llegue a tus manos junto con esta misiva.

Por siempre tuya..

*Frase tomada del libro "Las amistades peligrosas"de Pierre Choderlos de Laclos.

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