En fin, este cronopio sufre porque sospecha que su pareja es una fama, y aunque no lo sabe a ciencia cierta, no se atreve a preguntar por miedo a herir sentimientos.
Puesto que no es capaz de suprimir su naturaleza, el cronopio escribe largas cartas y a veces libros enteros y los llena de palabras de amor. Después, le entrega sus creaciones a la fama: ella tarda un poco en abrir el sobre o la pasta del libro, pero cuando lo hace lee el contenido a una velocidad exorbitante muy característica de los famas que saben que el tiempo es muy valioso como para desperdiciarlo en nimiedades. Tal acción hiere un poco al cronopio que puso mucha atención en cada punto y cada tilde que salió de su pluma. Mientras tanto, la fama pierde detalles y matices y prosigue su lectura hasta el punto final, levanta la vista, sonríe y agradece.
El cronopio esperaba algo distinto: quizás una pequeña lágrima de alegría, un suspiro o un pestañeo que reflejara en el rostro de la fama algo de las emociones que su carta suscitó. Pero nada.
Tal vez, en el fondo, el cronopio no entiende que los famas no escriben cosas tan tontas como una carta ni pierden su tiempo leyendo nimiedades; tal vez espera que la fama se comporte como cronopio para poder danzar juntos recitando poemas al aire...
A veces la fama se da cuenta de que el cronopio está triste e intenta enmendar su conducta -aunque en realidad no entiende qué es lo que está haciendo mal- y por un día o dos sonríe un poco más. Al tercer día se aburre -o tal vez se le olvida- y vuelve a su estado natural sin mayor preocupación.
Por eso sufre el cronopio: todas las mañanas se levanta con la esperanza de encontrar una carta en el correo porque no entiende que los famas nunca escriben cosas tan tontas como una carta, y peor aún, no entiende que los famas nunca serán cronopios.
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*Historias de cronopios y de famas por Julio Cortázar
Este es un intertexto original utilizando los personajes que creó Julio Cortázar en sus historias de cronopios y de famas. Dichos personajes podrían haber sido adaptados para fines literarios.